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sábado, 7 de enero de 2017

Últimas tecnologías

LG sorprende con una televisión tan delgada como un billete

El fabricante surcoreano presenta en el CES una pantalla de apenas 2,57 milímetros de grosor.
LG sorprendió en el CES, la mayor feria de electrónica de consumo del mundo que tiene lugar estos días en Las Vegas, con una propuesta de televisión revolucionaria. Si se encara de frente, este televisor OLED destaca por su enorme tamaño, 77 pulgadas, y calidad 4K. Aunque, lo que dejó a todos los asistentes boquiabiertos fue su extraordinaria delgadez. Apenas 2,57 mm de grosor, poco más que un billete o una lámina de papel.
En lugar de tornillos, la pantalla, a la que han denominado Signature OLED W, se ancla gracias a un sistema magnético que elimina el espacio entre la TV y la pared. La W de su nombre se debe, como explicó David VanderWaal, vicepresidente de Márketing, Electrodomésticos del Hogar y Electrónica de Consumo de LG, durante su presentación a su similitud con el papel pintado (que en inglés se denomina wallpaper).


La elegancia del diseño y la ausencia de cables la asemejan más a un elemento de decoración que a una televisión de gama alta. Conjugar diseño y funcionalidad es, como explicó durante una reciente entrevista a EXPANSIÓN Jaime de Jaraíz, presidente de LG Iberia, una de las obsesiones del fabricante surcoreano.
Por ello, la Signature OLED W se conecta mediante un cable apenas perceptible con una barra de puertos HDMI y unos altavoces certificados como Dolby Atmos que garantizan un sonido envolvente pese a encontrarse en la parte inferior del televisor. Además, contará con la nueva versión del sistema operativo WebOs, que permite conectarse a través de la TV a los servicios de vídeo en streaming de Netflix y Amazon Video.Aquellos que estén pensando en llenar la pared de su salón con esta delgada televisión tendrán que esperar. La compañía no reveló su precio ni su fecha de venta al público.
Enlace:http://www.expansion.com/tecnologia/2017/01/05/586e3530ca4741225f8b4602.html

jueves, 5 de enero de 2017

Últimas Tecnologías

Un videojuego vasco gana un premio Playstation

“Dynasty Feud”, de los estudios vizcaínos Kaia, se hizo con el premio a mejor uso de plataformas PS en la tercera edición de los premios Playstation, de ámbito estatal. 

El videojuego "Dynasty Feud", desarrollado por la empresa vasca Kaia Studios, con sede en el campus de la "universidad del videojuego" en Zierbena, ha conseguido el galardón a Mejor uso de plataformas PS en la tercera edición de los premios PlayStation.
La empresa vasca, nacida en 2015, tiene en "Dynasty Feud" -un juego de lucha en el que pueden participar hasta cuatro personas a la vez- su primer videojuego para PC, y lo sacará al mercado en las próximas fechas.
"Dynasty Feud" también estaba nominado al premio al Mejor videojuego del año en el certamen, que trata de impulsar el talento de la industria local y dar visibilidad a los pequeños estudios, pero finalmente ese galardón fue concedido al juego "Intruders", de Tessera Studios.
La gala de entrega de premios se celebró ayer en Madrid, y Eneko Egiluz, de Kaia Studios, recibió el premio en nombre de sus compañeros Jon Sánchez, Aitor Tejedor, Aitor gómez y Juan Sampedro.
Además de los premios PlayStation, "Dynasty Feud" también fue reconocido en el certamen independiente AzPlay con el premio al Mejor videojuego vasco de 2016.
Enlace:http://www.eitb.eus/es/noticias/tecnologia/detalle/4554367/un-videojuego-vasco-gana-premio-playstation/

 

Nuevas Tecnologías: Inteligencia artficial




Ventajas y riesgos de la Inteligencia Artificial

Expertos vaticinan que el desarrollo de la IA, el mayor reto tecnológico de la historia, dará a luz una nueva generación de robots autónomos capaces de atender nuestras necesidades. Pero ¿constituirán una amenaza?
Si hacemos caso a Elon Musk, el visionario magnate que fundó PayPal, la compañía de vehículos eléctricos y baterías Tesla o la corporación espacial privada SpaceX, la humanidad se enfrenta a una nueva y formidable amenaza: la inteligencia artificial (IA). “Es como esas historias en las que alguien convoca al demonio. Siempre hay un tipo con un pentáculo y agua bendita convencido de que así podrá controlarle, y claro, no funciona”, señala.

Su preocupación tiene mucho que ver con el dinero. Los pesos pesados del sector tecnológico están apostando fuerte en este sentido. Google, por ejemplo, adquirió el año pasado DeepMind, una empresa especializada en el desarrollo de redes neurales en la que ya había invertido Musk. El gigante de las búsquedas trabaja en un sistema informático capaz de distinguir en un vídeo una cara humana de la de un perro, gente patinando o durmiendo, un gato... Y todo por sí solo y sin que nadie haya puesto etiquetas en el archivo previamente.

La idea es que vaya aprendiendo, por así decirlo, tras alimentarse con millones de grabaciones. IBM, por su parte, afina su superordenador Watson, que en 2011 derrotó a los campeones humanos del concurso estadounidense de preguntas y respuestas Jeopardy! Su intención es mejorar las funciones cognitivas del ingenio y comprobar sus capacidades para realizar diagnósticos médicos, análisis de la personalidad y traducciones en tiempo real. Los ingenieros de Facebook no se quedan atrás y han ideado un algoritmo que permite reconocer un rostro con éxito el 97 % de las veces, aunque haya sido mal captado.

Musk asegura que las cosas van demasiado rápido, y que por eso la IA es una tecnología que puede resultar tan peligrosa como los maletines nucleares. En el coro de los agoreros del apocalipsis artificial destaca la voz del filósofo británico Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, que compara nuestro destino con el de los caballos, cuando fueron sustituidos por los automóviles y los tractores. En 1915, había en EE. UU. unos veintiséis millones de estos equinos. En la década de los cincuenta, quedaban solo dos millones. Los caballos fueron sacrificados para venderse como comida para perros. Para Bostrom, la IA supone un riesgo existencial para la humanidad comparable con el impacto de un gran asteroide o el holocausto nuclear. Todo ello, por supuesto, siempre que podamos construir ordenadores pensantes. Pero ¿qué significa exactamente esto?

En realidad, el concepto de inteligencia artificial no es tan reciente como parece. Desde los tiempos de Alan Turing –al que se considera el padre de la misma– y la construcción de su dispositivo Bombe, que permitió descifrar los códigos de la máquina Enigma alemana, han pasado más de setenta años. En un momento dado del film The Imitation Game (Morten Tyldum, 2014), en el que Benedict Cumberbatch interpreta al célebre matemático, un detective le pregunta: “¿Podrán las máquinas algún día pensar como los humanos?”. A lo que él responde: “La mayoría de la gente piensa que no.

El problema es que está haciendo una pregunta estúpida. Desde luego que las máquinas no pueden pensar como las personas. Son diferentes, y piensan diferente. La cuestión es: por el hecho de que algo sea diferente, ¿significa que no puede pensar?”. El detective le interpela entonces por el título de su artículo, The Imitation Game. “Es un juego, un test para determinar si alguien es un ser humano o una máquina”, indica Turing. “Hay un tema general. Un juez pregunta, y a partir de las respuestas, decide si habla con una persona o una máquina”. La escena quizá sea inventada, pero su contenido es real. El test existe.

La IA causa furor gracias a la literatura y al cine. Pero ¿cuál es el grado real de progreso? Hace más de quince años, estuve en el Instituto de Robótica de Pittsburgh, en EE. UU., uno de los templos de esta disciplina. Por entonces, formaba parte de un equipo de TVE que recogía los últimos avances tecnocientíficos en una serie de divulgación llamada 2.Mil. Tengo que reconocerlo: me llevé un chasco morrocotudo por culpa de la imagen de la robótica que nos ha inculcado la ciencia ficción.

Los aparatos que tenían allí eran poco más que cacharros en manos de ingenieros en vaqueros, y parecían salidos de un garaje de frikis. Se averiaban a la menor ocasión. Me hablaron de Florence, una enfermera robot que iba a revolucionar la geriatría. En realidad, se trataba de una especie de tonel con cabeza a la que habían pegado ojos y labios de silicona para dibujar sonrisas.

Florence tenía una cámara de televisión incorporada y un monitor. Las pilas se le agotaban rápido. Y, desde luego, no entendía lo que le decíamos. Todo aquello que pronunciaba tenía que programarse con antelación, así que un ingeniero trabajó a destajo para que saliera al pasillo y nos diera un mensaje de bienvenida.

Había leído muchas cosas sobre lo que hacían en Pittsburgh, especialmente de Xavier, un robot que sabía por dónde iba, toda una revolución. Pero no era otra cosa que otro tonel con ruedas que se desplazaba por los pasillos del instituto gracias a un mapa que tenía en su memoria. Ante unas escaleras, se paraba para no matarse. Por lo visto, irrumpía en las dependencias para contar chistes verdes. Aquella mañana vi a Xavier mientras era llevado a rastras, una imagen que jamás olvidaré. ¡Estaba en las catacumbas de la robótica! Acudí a la oficina de Hans Moravec, uno de los visionarios más famosos, pero todo lo que decía resultaba difícil de creer.

Moravec estaba convencido de que en cincuenta años los androides desplazarían a los humanos. Durante más de una hora estuvo hablando sin parar sobre la evolución de estos dispositivos y su creciente inteligencia, gracias al avance de los microprocesadores y su capacidad de manejar cada vez más información. Fue una charla cautivadora. La evolución de las máquinas iba a ser imparable. “Ha llegado la hora de que nos marchemos”, concluía este científico nacido en Austria.

Moravec dejó el instituto para fundar una compañía de robots industriales con visión 3D. Antes, me había enseñado en su ordenador una imagen percibida por uno donde se veían sillas y mesas que tenían un aspecto pixelado. ¿Y cómo podría saber la máquina qué era qué? En aquel verano de 1999, Moravec contaba que estaba fascinado por un nuevo buscador de internet, el más inteligente y mejor diseñado. Fue la primera vez que oí hablar de Google.

Ahora, Google ha comprado una empresa de IA a Musk y ha desarrollado el primer coche autónomo, que ya ha recorrido 1,6 millones de kilómetros sin conductor, y el sistema que diferencia gatos de personas en YouTube. El mundo está literalmente invadido por cantidades inconcebibles de información, que circula por la Red, y la capacidad de computación aumenta sin cesar. Pero ¿de verdad tenemos razones para temer que una máquina llegue algún día a pensar como nosotros?

Ramón López de Mantarás, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, es uno de los más reconocidos expertos españoles en robótica e IA. “No”, responde a MUY. Y añade: “No sé qué pasará dentro de cientos de años, pero todo este tema del que se habla, la singularidad, la trascendencia, que habrá máquinas con consciencia y cualidades mejoradas con respecto a la inteligencia humana en cuestión de treinta o cuarenta años no tiene sentido... Nunca he visto un argumento científico que lo apoye”.

El punto de vista de López de Mantarás encaja con lo que sentí hace quince años, en mi frustrante visita a Pittsburgh. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero lo cierto es que aún no se vislumbran las máquinas que acabarán siendo conscientes de sí mismas para desencadenar la catástrofe, como ocurre en las películas de la saga Terminator.

Discrepa así de gurús como el futurólogo Raymond Kurzweil, que hoy trabaja en la división de Ingeniería de Google. Al igual que Moravec, este está convencido de que durante este siglo los robots serán capaces de pasar el citado test de Turing, incluso antes de 2029. Pues bien, no sería la primera vez que se cumple una de sus predicciones.


A finales de los 80, Kurzweil aseguró que hacia 1998 un ordenador ganaría a un campeón mundial de ajedrez: ocurrió en 1996, cuando Gari Kasparov perdió una partida contra el programa informático de IBM Deep Blue. En esos años, también imaginó que internet, por entonces una red relegada a instituciones académicas, se extendería por el mundo. Ahora afirma que en 2045 las computadoras serán mucho más potentes que todos los cerebros humanos de la Tierra juntos. Cuando habla, los medios caen rendidos ante ese mundo artificial. “Es una persona muy mediática”, concede López de Mantarás. “Pero detrás no hay nada científico”.

Marvin Minsky, cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), galardonado el año pasado por la Fundación BBVA, sí cree que se desarrollarán máquinas tan inteligentes como los humanos. “No obstante, el tiempo que esto lleve dependerá de si se trabaja en los problemas adecuados y del dinero”, manifiesta Minsky. “Es un enfant terrible”, asegura López de Mantarás, que estuvo en el congreso que el MIT celebró recientemente en su honor.

“Minsky piensa que los grandes avances en este campo se realizaron entre los 60 y los 80, y luego se abandonaron todas las ideas con respecto a la IA en su sentido general”. Así, lo que habría quedado en el panorama actual es la especialización, máquinas que son extraordinarias jugando al ajedrez, pero que no saben nada de las damas o el parchís. “Las IA especializadas son un buen negocio, y estoy a favor de ellas. Faltaría más. Es lo que es realmente la inteligencia artificial hoy en día”, indica López de Mantarás.

La investigación generalista en IA está desapareciendo. En este mundo inundado de datos, esta tecnología es completamente distinta. El coche autónomo de Google o el superordenador Watson de IBM analizan terabytes de información para tomar decisiones correctas. Sin embargo, no saben explicar cómo han llegado a ellas. En otras palabras, cuando el sistema escupe su respuesta, es incapaz de responder a esta pregunta: ¿y eso por qué? “Hemos renunciado al porqué y nos hemos quedado con el qué”, lamenta Pérez de Mantarás.

Por ejemplo, hace unos años, un sistema experto que deducía que el paciente sufría neumonía podía justificar ese diagnóstico a partir del historial del enfermo y los cultivos realizados, pero ahora un software tan complejo como Watson no puede hacerlo. Simplemente elabora una conclusión a partir de la abrumadora cantidad de datos que maneja, pero no ofrece una razón. “Esto crea problemas de aceptación por parte del usuario”, afirma Pérez de Mantarás.

Fijémonos en la película Yo, robot (Alex Proyas, 2004): las calles están plagadas de humanoides que llevan la compra, sirven copas, reparten perritos calientes... Si nos olvidamos por un momento de la fantástica agilidad que demuestran y la inteligencia general que atesoran, ¿qué nos quedaría? Está claro: un ejército de especialistas.

Los drones, una manifestación de esta tendencia

La fuerza aérea estadounidense mantiene más de 8.000 de estos aparatos ahora mismo para combatir el terrorismo, según la Institución Brookings. En sus operaciones, ya han matado a más de 2.400 personas. Los modelos comerciales, por su parte, filman e investigan cualquier cosa. Por ejemplo, equipados con sensores de infrarrojos, algunos pueden detectar qué plantas están enfermas o sufren ataques de parásitos.

Así, es posible idear un plan de fumigación a la carta. Otros ayudan a controlar la caza furtiva y aportan pistas a los biólogos que estudian los vuelos de las aves y sus trayectorias. Los hay de todo tipo. El más grande de todos, el Eitan, de fabricación israelí, posee una envergadura de 26 m, casi como un Boeing 737. Por el contrario, el diminuto Nano Hummingbird, de 16 cm, desarrollado con el apoyo de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA), podría pasar por un colibrí. Los robots literalmente han despegado hacia su libertad, aunque, eso sí, bajo control humano.

Entre la fauna robótica que permanece en tierra nos encontramos desde el Roomba, un pequeño aspirador semiautónomo con forma de disco ideado por iRobot que se ha convertido en todo un éxito comercial, hasta el PackBot –de la misma firma–, un róver militar provisto de un brazo robótico capaz desde manipular bombas hasta inspeccionar lugares contaminados por radiactividad. El TUG, por su parte, obra de Aethon, parece una especie de mesita con ruedas y sensores. Gracias a estos últimos, se desplaza sin problemas por los pasillos de algunos hospitales estadounidenses para llevar medicinas y otros suministros.
Enlace:http://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/ventajas-y-riesgos-de-la-inteligencia-artificial-651449483429

jueves, 29 de diciembre de 2016

Últimas tecnología: Marck Zuckerberg

En este apartado de ultimas tecnologías voy a hablar del creador de uno de las redes sociales más importantesen internet: Facebook.

Mark Zuckerberg

(Mark Elliot Zuckerberg; Dobbs Ferry, Westchester County, 1984) Empresario y programador informático estadounidense. Creador y presidente de la comunidad virtual Facebook, en el año 2008, con veintitrés años de edad, se convirtió en el multimillonario más joven de la lista que publica anualmente la revista Forbes.



Nacido en el seno de una familia judía acomodada, su pasión por la informática se manifestó muy pronto; comenzó a programar a los doce años. Cursó estudios en el Ardsley High School y la Phillips Exeter Academy, y en 2002 ingresó en la Universidad de Harvard, Massachusetts. Dos años más tarde, a principios de febrero de 2004, con tan sólo diecinueve años y junto a sus compañeros de habitación en la universidad, lanzó un nuevo sitio web, la red social Facebook.
Originalmente denominado The Facebook, el proyecto Facebook surgió con la intención inicial de crear una red de conexión entre los estudiantes de la Universidad de Harvard. El nombre del sitio hacía referencia al boletín que muchas universidades entregan a sus nuevos alumnos con la intención de ayudarles a conocerse entre sí a su llegada al centro. Los servicios que ofrecía Facebook consistían fundamentalmente en la posibilidad de agregar amigos, con los que se podían intercambiar fotos y mensajes, y de unirse a grupos, una de las utilidades que más se desarrollarían a posteriori. Cada usuario, que debía estar registrado, disponía de un wall (muro) que permitía que los amigos escribieran mensajes o enviaran regalos para que éste los viera. El supermuro, una mejora posterior, permitiría, además, incrustar animaciones en formato flash.
Lo que empezó como un juego entre colegas desbordó todas las previsiones en poco tiempo. En sólo dos semanas dos tercios de los estudiantes de Harvard se habían registrado en Facebook, y coincidiendo con las vacaciones de verano de ese mismo año lo habían hecho más de treinta universidades de Estados Unidos. Cuando acabaron las clases, Mark Zuckerberg aprovechó para mudarse a Palo Alto, California, y montar su primera oficina. Aunque la primera intención del joven universitario era retomar sus estudios en Harvard tras el receso, el negocio iba viento en popa y requería su atención, por lo que decidió abandonar Harvard y permanecer en la costa oeste.

Mark Zuckerberg
El proyecto se extendía como un reguero de pólvora y pronto se expandió por otras instituciones educativas y empresas, hasta que al final el éxito propició que abriera sus servicios al público en general. En 2006 Facebook se había convertido en un fenómeno mundial, con 64 millones de usuarios, concentrados en países de habla inglesa como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. Sólo disponible en inglés en sus comienzos, en 2008 Facebook ensanchó horizontes ofreciéndose en varios idiomas, entre ellos el francés, el alemán y el español.
Para hacerse una idea de la fortaleza social de Facebook, baste decir que la espectacular marcha contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) del 4 de febrero de 2008, que reunió a un millón de personas en Bogotá y a cientos de miles en ciento treinta ciudades de todo el mundo, fue convocada por un grupo de estudiantes colombianos a través de este canal de difusión. Unirse a grupos constituía, en efecto, una de las utilidades más exitosas de Facebook. Un usuario interesado, por ejemplo, en la ecología, tenía la posibilidad de adherirse a los grupos surgidos dedicados a este tema; inmediatamente recibía en su muro toda la información que este grupo generara. El grupo del candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, contaba en junio de 2008 con cerca de un millón de miembros. La página era además la más popular para colgar fotos (según estadísticas de 2008, más de catorce millones al día; en total, 1.700 millones).
En diciembre de 2007 la revista Forbes, como cada año, publicó el ranking de las 25 personas más influyentes de Internet. Una de esas estrellas de la red era Zuckerberg, jefe ejecutivo del sitio, después de vender, por 256 millones de euros, el 1,6 por ciento del portal a Microsoft. Tres meses más tarde, en marzo de 2008, Zuckerberg entraba en el ranking de los 1.125 hombres más ricos del mundo elaborado por la misma revista. Ocupaba el puesto 785, pero era el más joven de los 1.125, y también el más joven en la historia de la publicación. Para evaluar su fortuna, Forbes se basó en el valor estimado de Facebook (cinco mil millones de dólares), y en el hecho de que el joven era el propietario del treinta por ciento de la empresa.
Las oficinas en Palo Alto de Facebook ocupaban ya en 2008 cuatro edificios y daban empleo directo a más de cuatrocientas personas; la empresa había recibido ofertas de compra por parte de Viacom y Yahoo!, y su facturación anual se estimaba en unos ciento cincuenta millones de dólares. Sus mayores ingresos provenían de su contrato con Microsoft sobre anuncios publicitarios. El sitio había crecido tres veces más rápido que su rival MySpace, propiedad de News Corp, el imperio de Rupert Murdoch. Sin embargo, no todo eran alegrías para este joven talento informático. Tres de sus compañeros de universidad entablaron un pleito contra él en una corte de Boston afirmando que Zuckerberg se había “apoderado de la idea”.

Con Priscilla Chan
Pese a nadar en oro, el «nuevo príncipe de Internet», como fuera apodado por el sitio especializado Valleywag, distaba mucho del ejecutivo al uso. Interesado por la psicología, en el perfil de su Facebook se definía como una “persona a la que le gusta hacer cosas”. Vestía camisetas y calzado deportivo, y no parecía tener grandes pretensiones: “Tengo un apartamento de un dormitorio con un colchón en el suelo, allí vivo”, dijo en una entrevista. Cabe relacionar este carácter austero con sus inclinaciones filantrópicas. Ya a finales de 2010 se adhirió a la campaña The Giving Pledge («La Promesa de Dar»), una iniciativa comandada por los multimillonarios Bill Gates y Warren Buffett que invita a los grandes magnates a donar la mitad de sus fortunas para causas filantrópicas.
A lo largo de ese mismo año su figura fue alcanzando inusuales cotas de proyección y popularidad. Forbes cuantificaba su fortuna en 6.900 millones de dólares y lo aupaba a la posición número 35 de su lista, ya por delante de otro mago de la informática, el visionario Steve Jobs; la revista Time lo designaba personaje del año, y Hollywood aprovechaba la oportunidad para lanzar un biopic sobre un personaje de 26 años: La Red Social (2010). Basada en el libro de Ben Mezrich Multimillonarios por accidente y dirigida por David Fincher, esta libre recreación de la historia que condujo al nacimiento de Facebook mereció ocho nominaciones al Oscar, aunque solamente se llevó tres estatuillas en categorías menores.
E1 11 de mayo de 2102, Facebook protagonizó la mayor salida a bolsa de una empresa de Internet; se ofertaron acciones por un monto de 18.000 millones de dólares, rápidamente agotadas, y la compañía quedó valorada en 100.000 millones. Fue también un año importante para el creador de Facebook por otro motivo: una semana después de la salida a bolsa, en su casa de Palo Alto y ante cien invitados, Mark Zuckerberg contrajo matrimonio con Priscilla Chan, formalizando una relación que se remontaba a sus tiempos de estudiante en Harvard, donde se habían conocido en 2003. En 2015 nació Max, primer vástago de la pareja, que desde entonces ha dedicado buena parte de su tiempo al mecenazgo de toda clase de proyectos de investigación, educación y desarrollo a través de la Chan Zuckerberg Initiative (CZI).
Enlace:http://www.biografiasyvidas.com/biografia/z/zuckerberg.htm


viernes, 18 de noviembre de 2016

Últimas tecnologías: Google Glass

¿ Qué es Google Glass ?

Tendremos que ir unos años atrás para conocer la historia de Glass. Después de años de desarrollo en el laboratorio de Google X, una instalación de Google dedicado a hacer grandes avances tecnológicos, Google publicó un concepto de visión en su canal de Youtube un 4 de Abril del 2012. En él podíamos ver como sería el transcurso del día de una persona utilizando el dispositivo.
En dicho evento Google empezó abrir el programa ” Explorer ” y los asistentes de aquella edición del Google I/O podían adquirir el producto a un precio de 1500 dólares y a partir de ese momento, el programa explorer no ha parado de crecer y con ello, miles y miles de desarrolladores de todo el mundo están trabajando en crear aplicaciones para las Glass de Google. A continuación os dejamos con nuestra review de menos de dos minutos sobre esta edición de las gafas.Resultado de imagen de google glass

¿Qué especificaciones tienen ?

Las Google Glass son en realidad un prisma en el cuál se proyecta una pantalla, así que el concepto “gafas de google” no sería el más adecuado para describir el producto, aunque la compañía usa ese nombre para el marketing del mismo. Las Glass son adaptables a cualquier cara y ese prisma del que os hablamos anteriormente se podrá adaptar a cualquier montura de gafas que tengamos.
  • Pantalla de alta resolución que equivale a una pantalla de alta definición de 25 pulgadas proyectada a dos metros y medio de distancia.
  • Cámara de 5 MP que graba a 720p.
  • El sistema de audio es mediante conducción ósea.
  • Conexión Wi-Fi – 802.11b / g , Bluetooth
  • 12 GB de memoria utilizable, sincronizado con el almacenamiento en la nube Google . Un total de 16 GB.
  • Batería según Google un día, pero actualmente el prototipo está entre las 5 o 6 horas en pleno funcionamiento.

¿ Qué se puede hacer con ellas ?

Para empezar, las Google Glass se conectan a nuestro smartphone gracias a la aplicación MyGlass. Las Glass abren un abanico de posibilidades, y lo que se pueda hacer con ellas depende de la imaginación de los miles de desarrolladores que disponen de la versión prototipo ( XE ). Nosotros os resumimos las principales funciones que realizan:
  • Realidad Aumentada: Aunque las Google Glass no están pensado para tener una realidad aumentada, se dice que tiene un 20 % de RA, muchos desarrolladores se están esforzando para que el dispositivo pueda mover aplicaciones con RA de una manera sencilla y gracias a ello, nuestra vista estará siempre en frente. ¡ Se acabó mirar el smartphone para jugar o consultar un restaurante cercano !Resultado de imagen de google glass
  • Todo controlado por voz: ” Ok Glass ” será la frase que escuchemos dentro de unos años. Gracias a ella accederemos a cualquier función de las gafas ( realizar búsquedas en Internet, realizar fotos, abrir aplicaciones y un largo etcétera ).
  • Realizar Fotografías y vídeos de manera sencilla: Con un simple comando tendremos la oportunidad de grabar y realizar una fotografía rápidamente y de una sencillez que no se había visto anteriormente en ningún dispositivo tecnológico.
  • Tener acceso rápido a Internet: Gracias a la gran base de datos que posee el mayor gestor de búsquedas de Internet, obtendremos cualquier respuesta a aquellas preguntas que le hagamos a Glass ( Que tiempo hace, cuanto cobra Messi, operaciones matemáticas, etc.. )

¿ Qué puntos negativos tiene y en qué puede mejorar ?

  • Después de leer todos los diferentes puntos sobre qué es Google Glass, te habrás dado cuenta de que, hasta el momento, el dispositivo es un prototipo del cuál la “gran G” sigue trabajando en él día a día para mejorarlo y que sea un dispositivo en donde todo el mundo se lo pueda poner, tanto profesionales como el usuario en general. Aun así, veremos algunas desventajas y en qué puede mejorar.
    Batería: Según Google, las Glass pueden durar un día, pero eso no es así, el dispositivo tiene una vida de 4 o 5 horas con uso continuo. Este es uno de los apartados técnicos en donde el motor de búsquedas tienen que trabajar profundamente para mejorar de cara a la versión consumidor.
    Calentamiento: Las gafas no están pensadas para ser un ordenador y por lo tanto, tampoco se le pueden exigir que tengan un rendimiento de un ordenador de sobremesa. El dispositivo se calienta cuando se está utilizando mucho y esto hace que las gafas se “vuelvan locas”.
    Conexión de Datos: Aunque se pueden realizar algunas funciones básicas como realizar una foto o vídeo sin conexión a Internet. Ellas dependen del smartphone, ya que las gafas se conectan al dispositivo. Se espera que las gafas tengan su propia conexión de datos y no tengan que depender de otro dispositivo móvil.
    Seguramente, encontremos muchas cosas a mejorar en el gadget como por ejemplo que con el reflejo del sol, cuesta leer lo que se refleja en el prisma. Pero al ser un prototipo Beta y en estar en proceso de mejora día a día hemos indicado aquellos puntos negativos en donde Google tiene que mejorar si o si, para que las gafas estén a la altura de los dispositivos que vemos actualmente.
    Seguiremos ampliando y actualizando la información a medida que se vayan sabiendo más cosas sobre las Google Glass. Esperamos que aquellas dudas que tenías de qué es Google Glass se te hayan aclarado leyendo esta página.
     
Enlace: http://gglassday.com/google-glass-toda-la-informacion-que-es-google-glass-para-que-sirven/

jueves, 20 de octubre de 2016

Nanotecnología

La nanotecnología es la manipulación de la materia a escala nanométrica. La más temprana y difundida descripción de la nanotecnología1 2 se refiere a la meta tecnológica particular de manipular en forma precisa los átomos y moléculas para la fabricación de productos a macroescala, ahora también referida como nanotecnología molecular. Subsecuentemente una descripción más generalizada de la nanotecnología fue establecida por la Iniciativa Nanotecnológica Nacional, la que define la nanotecnología como la manipulación de la materia con al menos una dimensión del tamaño de entre 1 a 100 nanómetros. Esta definición refleja el hecho de que los efectos de la mecánica cuántica son importantes a esta escala del dominio cuántico y, así, la definición cambió desde una meta tecnológica particular a una categoría de investigación incluyendo todos los tipos de investigación y tecnologías que tienen que ver con las propiedades especiales de la materia que ocurren bajo cierto umbral de tamaño. Es común el uso de la forma plural de "nanotecnologías" así como "tecnologías de nanoescala" para referirse al amplio rango de investigaciones y aplicaciones cuyo tema en común es su tamaño. Debido a la variedad de potenciales aplicaciones (incluyendo aplicaciones industriales y militares), los gobiernos han invertido miles de millones de dólares en investigación de la nanotecnología. A través de su Iniciativa Nanotecnológica Nacional, Estados Unidos ha invertido 3,7 mil millones de dólares. La Unión Europea ha invertido 1,2 mil millones y Japón 750 millones de dólares.3

Nano es un prefijo griego que indica una medida (10-9 = 0,000 000 001), no un objeto; de manera que la nanotecnología se caracteriza por ser un campo esencialmente multidisciplinar, y cohesionado exclusivamente por la escala de la materia con la que trabaja.

La nanotecnología definida por el tamaño es naturalmente un campo muy amplio, que incluye diferentes disciplinas de la ciencia tan diversas como la ciencia de superficies, química orgánica, biología molecular, física de los semiconductores, microfabricación, etc.4 Las investigaciones y aplicaciones asociadas son igualmente diversas, yendo desde extensiones de la física de los dispositivos a nuevas aproximaciones completamente nuevas basadas en el autoensamblaje molecular, desde el desarrollo de nuevos materiales con dimensiones en la nanoescalas al control directo de la materia a escala atómica.

Actualmente los científicos están debatiendo el futuro de las implicaciones de la nanotecnología. La nanotecnología puede ser capaz de crear nuevos materiales y dispositivos con un vasto alcance de aplicaciones, tales como en la medicina, electrónica, biomateriales y la producción de energía. Por otra parte, la nanotecnología hace surgir las mismas preocupaciones que cualquier nueva tecnología, incluyendo preocupaciones acerca de la toxicidad y el impacto ambiental de los nanomateriales,5 y sus potenciales efectos en la economía global, así como especulaciones acerca de varios escenarios apocalípticos. Estas preocupaciones han llevado al debate entre varios grupos de defensa y gobiernos sobre si se requieren regulaciones especiales para la nanotecnología.

Información conseguida de:https://es.wikipedia.org/wiki/Nanotecnología